martes, 8 de septiembre de 2026

RELATO EN EL DIARIO DE TERUEL: "LA DECISIÓN DE JOSEFA"

  ¡Hola! ¿Cómo estáis?

  Hoy quiero compartir con vosotros un nuevo relato, titulado: "La decisión de Josefa". Lo escribí para la Sección “Cartografía en la sombra” del Diario de Teruel. Hacía dos años que no habilitaban este tipo de contenido (en aquella ocasión se llamaba "Espejo de tinta" pero tenía el mismo fin) y cuando me preguntaron si quería volver a colaborar no me lo pensé -tal y como hice en 2023, que lo subí también al blog (si pincháis os llevará al relato que envié entonces, al que hago referencia, titulado: “El reflejo en el agua”)

  Nos exigían un tema muy concreto del que hablar: “el eclipse” (qué raro, jeje…) Y la imagen, esta vez, la hice yo con la IA -en aquel año la facilitaba la Sociedad Fotográfica Turolense y el relato tenía que estar inspirado en ella-.

  Me lo publicaron hace unos días y la verdad es que me hizo mucha ilusión, por eso quiero compartirlo con vosotros. Deseo que os guste:

LA DECISIÓN DE JOSEFA:

Todos estaban ilusionados con el eclipse. Era casi una fiesta. Pero para Josefa significaba algo muy distinto. Desde 1959 no había vuelto a tener esa sensación: una mezcla de temor y nostalgia. Vivía con su hija y sus nietos, y había cumplido ochenta y siete años. La misma edad que tenía entonces; la primera vez que vivió un eclipse como aquel. Sabía que, si se exponía a esa penumbra, su destino podía cambiar de nuevo. La gente decía que aquel fenómeno era único y, en cierto modo, tenían razón.  

Se lo habían explicado muy bien cuando ella apenas tenía diez años, lo recordaba a la perfección. Estaba sentada a la mesa de la cocina, junto a su madre. En el exterior, el sol caía sobre los campos y el aire olía a trigo y a petricor. Pero, dentro de la vivienda, había un silencio anómalo, expectante por lo que estaba a punto de pronunciarse en aquella casa. 

—Hija mía, hay algo que debes saber. Se trata de un suceso que ocurre en ciertas generaciones a una edad determinada. Durante siglos hemos mantenido el ritual, por eso deberás elegir. Es importante que seas consciente de que esto cambiará tu vida.

Tras pronunciar aquellas palabras, le entregó una caja cerrada con un candado. Después, le explicó lo que contenía. Enseguida comprendió el significado.

En el eclipse de 1959, cuando ella cumpliese ochenta y siete años, no debía presenciar aquel suceso si quería seguir siendo quien era. De lo contrario, su efecto terminaría adueñándose de ella.

El dos de octubre de ese año, en el mismo instante en que la luna cubrió al sol, Josefa, que entonces vivía sola y no había tenido descendencia, tuvo claro qué hacer: decidió exponerse al eclipse para seguir con la tradición que su madre le había contado. Mientras todos disfrutaban de aquel espectáculo, ella fue percibiendo distintas sensaciones en su cuerpo. Primero, sintió una presión en el pecho. A los pocos segundos, su corazón comenzó a latir muy rápido; como nunca antes lo había hecho. Después, volvió a palpitar lento; demasiado, quizás, para poder caminar. Sin embargo, al finalizar el eclipse, aunque con dificultad, logró llegar a casa. Cuando cerró la puerta, Josefa caminó hasta su habitación y se tumbó en la cama, sintiendo cómo el sueño le vencía. Dos horas después, al abrir los ojos, se había convertido en una jovencita de veinte años.

Su madre le había dejado las instrucciones precisas para conseguir una identidad nueva, desaparecer sin dejar rastro y, lo más importante, empezar de cero sin que nadie sospechara. Y lo hizo. Se transformó en otra persona y se marchó a vivir a una nueva ciudad.

Ahora, en 2026, la historia se repetía. De nuevo, tenía ochenta y siete años. La edad de la decisión. Y el eclipse estaba a punto de llegar. Pero esta vez era distinto, porque sí tenía hijos, incluso nietos. Y sabía que, si se exponía de nuevo, volvería a tener veinte años. Entonces, se vería obligada a desaparecer. Otra vez. Y, al hacerlo, mantendría el ritual.

Aquel día amaneció extraño. El clima se concebía distinto, como si no perteneciera al verano. Los hijos de Josefa ya habían cogido sitio para todos. De hecho, estaba reservado desde hacía meses. Existían varios puntos desde donde verían muy bien el espectáculo celeste, y no querían perdérselo.

—Vamos, mamá. El eclipse está a punto de empezar —decía Ana mientras abría la puerta para que salieran sus hijos, al tiempo que se ponía la chaqueta.

—Adelantaos. No tardaré.

Ana miró a su madre con desconcierto, pero hizo lo que le pidió. Junto con sus hijos, caminó hasta el lugar donde habían reservado el sitio para ver el esperado acontecimiento. Josefa, desde la ventana, observó a su familia alejarse.

Había llegado el momento de tomar una decisión.

Inspiró hondo, miró al cielo y pidió perdón en silencio. Sin pensarlo más, cerró todas las cortinas, fue a su dormitorio, bajó la persiana y se sentó en la cama. Era consciente de que, si salía en el momento concreto del suceso, el proceso iba a comenzar. Pero también sabía que, si lo evitaba, todo seguiría igual. A pesar del eclipse que sucediese en 2027, ya no tendría la misma edad. Además, quién sabe si estaría viva para entonces.

La mayoría de la gente se reunía a las afueras del pueblo; pero también se encontraban muchos vecinos en la plaza. Allí había música, comida y, sobre todo, mucha emoción. El Ayuntamiento había repartido gafas especiales. Los niños corrían de un lado a otro. Los adultos miraban hacia arriba esperando un milagro. Ana llegó con sus hijos y pudo sentarse con ellos al lado de sus hermanos. El tiempo apremiaba y Josefa seguía sin aparecer. La buscaba entre la gente; pero no la veía.

Entonces ocurrió. Primero, se sintió un aire frío; demasiado, tal vez, teniendo en cuenta que era agosto. Después, un silencio sepulcral. A continuación, el cielo parecía cambiar de color: un violeta íntimo, un gris metálico, un azul profundo. La luz se volvió tenue, como si el mundo estuviera apagándose para convertirse en otra cosa. La luna comenzó a avanzar despacio, hasta colocarse delante del sol. El cielo se volvió de un negro penetrante, casi absoluto. La corona solar brillaba alrededor de la luna; era un anillo blanco espectacular, casi cobraba vida. La gente comenzó a aplaudir. Después, se escaparon lágrimas y silbidos de felicidad. La alegría inundó cada rincón de las calles, y las miradas fueron cómplices de algo muy especial. Ana, pese a disfrutar del momento, seguía pensando en su madre. No se iba a presentar y, por alguna extraña razón, ella lo sabía.

Un minuto después, la luz regresó. El eclipse había terminado.

La familia no tardó en regresar a casa, preocupada por si había pasado algo. Al llegar, Ana vio a Josefa salir de su habitación:

—Mamá, ¿qué haces? ¡Te has perdido el eclipse!

—Bueno… el año que viene tendré otra oportunidad.

Solo ella conocía el significado de sus palabras. Su hija ignoraba por completo aquel ritual; Josefa jamás fue capaz de explicárselo, pero ya no tendría que hacerlo.

Había decidido quedarse.


  ¿Qué os ha parecido? Espero vuestras opiniones.

  Dejo por aquí también el enlace al diario de Teruel:

https://www.diariodeteruel.es/cartografia-en-la-sombra/la-decision-de-josefa

  Por hoy me despido. Gracias por estar ahí.

  Hasta el martes que viene. ¡Feliz semana!

 

 

PD: Nunca dejéis de soñar. 

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