¡Hola! ¿Cómo estáis?
Cada vez es más común el buscar
esas “típicas frases” que pueden, desde arrancarnos una sonrisa, hasta hacernos
llorar sin esperarlo. Y es que siempre he creído en el poder de las palabras -magnífica
frase-, y si hay algo que pueden enseñarnos las redes sociales es eso: las
palabras -sobre todo las que llegan en ese instante donde encajan mejor que
nunca-, pueden animarte o arruinarte el día.
Una vez leí esta frase: “No esperes
al momento perfecto, toma el momento y hazlo perfecto”. Y de eso precisamente
quiero hablar en la entrada de hoy. Quizás me salgo un poco de la temática,
pero al final sí vais a encontrar una cierta relación con la escritura -en mi
caso-, y con lo que vosotros consideréis que podría combinarse.
Pasamos la vida esperando a “algo”,
no sabemos muy bien donde vamos, pero nos comportamos como si no llegásemos a
tiempo. Transcurren los días, y las personas siempre estamos pensando en el
futuro: cuando llegue el año que viene, cuando coja vacaciones, cuando esté
preparada para esto… Sin embargo, de lo que no nos damos cuenta es de que,
llegados esos momentos, no pasa nada, porque volvemos a pensar en el futuro que
vendrá -valga la redundancia-.
Además, por regla general, cuando
nos planteamos hacer cosas, siempre dejamos en último lugar aquello que nos
llena de una cierta satisfacción/felicidad/paz interior, o como lo queráis
llamar. Está tan al final de esa lista, completa de obligaciones, que nunca
llegamos a tacharlo. Esto hace que aumente el estrés/depresión/tensión y/o similares. ¿Por qué nos cuesta tanto dejar alguna de esas obligaciones a un
lado para darnos ese “pequeño homenaje/respiro”? Es increíble observar hasta dónde
somos capaces llegar cuando nos exigimos tanto y, en cambio, lo poco que nos esforzamos por
hacernos algo más felices.
Creo que estaréis de acuerdo
conmigo si os digo que todo el mundo tenemos algo que nos motiva, que nos
llena, que nos hace sentir bien. Ya sea hacer deporte, pasear, ver nuestra
serie favorita, leer un buen libro o -como sería mi caso-, poder escribirlo. Sin
embargo, estamos tan adentrados en un mundo que no deja de girar que pensamos
que, si nos dedicamos a cualquiera de esas cosas que nos hacen sentir bien,
estamos cometiendo un delito. Por eso siempre las ponemos en el último lugar de
la lista; y por eso también en raras ocasiones llegamos a hacerlas. Pensamos que
llegará el momento perfecto para poder dedicarnos a ellas, pero lo único que
llega es un día más marcado de obligaciones.
Tal vez me he puesto muy filosófica
hoy, pero quería dedicar una entrada a este tema desde hace mucho. Se habla demasiado
de “cuidarnos” y de esa “paz interior/mental”, y muchas veces no conseguimos
hacerlo porque no sabemos por donde empezar. Dedicar un ratito a sacarnos una
sonrisa no es malo; es necesario. Está demostrado que, si encontramos esos espacios para hacer lo que nos gusta, nuestra motivación aumenta de manera considerable
en el trabajo y, en general, en la vida diaria. Al fin y al cabo, de eso se trata:
de disfrutar lo máximo posible; mañana ya no estaremos aquí. Nada es tan importante que no pueda esperar. Y esto se traduce en intentar sacar tiempo para realizar aquello que nos llena. La vida ya se encargará de que esa lista
de obligaciones varíe, ¿por qué no cambiar el orden de prioridades alguna vez?
¿Y vosotros? ¿Tenéis algo que os
guste hacer para lo que nunca tenéis tiempo, porque siempre esperáis a ese “momento
perfecto”?
Por hoy me despido. Gracias por
estar ahí.
Hasta el martes que viene. ¡Feliz
semana!
PD: Nunca dejéis de soñar.






