¡Hola! ¿Cómo estáis?
Hace unos meses os
hablé del significado del lector beta, y el otro día me sorprendió un nuevo
concepto que desconocía y del que me gustaría hablaros hoy. Como recordaréis,
el lector beta es el primero que lee un libro una vez que está terminado y ha
pasado por, al menos, la revisión del propio escritor. Pues bien, hay otro tipo
de lector aún más interesante -si cabe-. Se trata del lector cero. ¿Cuál es la
diferencia? El lector cero tiene la historia en sus manos durante el proceso de
creación, es decir, cuando todavía no está escrito el final de la obra o, en
caso de estar escrito, aún no ha sido pulido ni revisado.
Como dato importante a añadir, debemos tener en cuenta
que un escritor puede encontrarse con varios tipos de dilemas a lo largo de su
escritura -algunas veces estos crean lo que se denomina el tan famoso “bloqueo literario”-.
Es algo que inquieta y preocupa cuando sucede, porque ello provoca que la
historia se estanque y resulte complicado avanzar.
Sobre estos tipos de bloqueos quizás hablemos en otra entrada del blog. Volviendo al concepto de los lectores cero, estos son, de alguna manera, los que podrían “guiar” o “recomendar” o incluso “corregir” -de forma sutil-, para que suene más realista el ritmo de la historia. Su función sería la detección de problemas globales, como podría ser la coherencia de la trama, el tono en que está escrita, cómo se siente o se entiende la historia tal y como se plantea… El lector cero no entra en detalles finos ni en correcciones estilísticas. Se trata de una lectura más emocional e intuitiva, como una primera impresión honesta. Lee la versión más cruda, casi recién escrita. Su posición es privilegiada en este sentido, puesto que incluso podría decirnos qué falla en la historia en caso de que no funcione o no enganchara.
Quizás podríamos decir
que lo ideal sería tener, antes de publicar una novela, los dos tipos de
lectores -tanto el cero como el beta-. La mezcla de ambos puntos de vista es lo
que nos daría la respuesta a si, por un lado, la historia engancha tal y como está
escrita -proceso de la trama en general- y, por otro, si existe coherencia en
el comportamiento de los personajes con la personalidad que les hemos dado a cada
uno de ellos. Esto es muy importante, porque a veces el autor puede dejarse
llevar por la historia y no se da cuenta de que, si el protagonista tiene
vértigo, por ejemplo, no subiría a un avión sin pensárselo. Y, en caso de que
lo hiciera, deberemos describir el miedo que siente cuando coge
ese vuelo. De lo contrario, no se respetaría la coherencia ni la lógica que
hemos creado para ese personaje. Podría plantearse algo así, quizás, al final
de la historia, si el objetivo que consigue es, precisamente, perder el miedo a volar.
A veces es recomendable
que los personajes nos sorprendan con sus actos, pero se debe respetar esa lógica
a la que he hecho referencia, teniendo en cuenta el carácter de cada uno de
ellos; de lo contrario, la historia no convencerá ni tendrá el impacto que
queremos conseguir. Aquí es donde entra el lector cero, que es el que detectará
si la historia funciona o no, de forma genérica, apreciando, además, si se
entiende y, aún más importante, si engancha.
¿Y vosotros? ¿Conocíais
este concepto de “lector cero”? ¿Qué os parecería poder “decidir” sobre una
historia antes de ser corregida y publicada?
Por hoy me despido.
Gracias por estar ahí.
¡Hasta el martes que
viene! ¡Feliz semana!
PD: Nunca dejéis de
soñar.


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