¡Hola! ¿Cómo estáis?
Hoy quiero hablar, en
concreto, de los audiolibros; pero no de cualquiera de ellos, sino de los
audiolibros dramatizados. Esas “audibles novelas” que, además de la voz del
narrador, están acompañadas de sonidos “especiales”, por llamarlos de alguna
forma. Me estoy refiriendo a esos efectos que hacen que una escena cobre vida y
nos convierta casi en testigos y cómplices de ella. Por ejemplo, si escuchamos
el ruido que hacen las hojas de los árboles al moverse con el viento; o el
sonido de unos pasos caminando sobre el parqué de forma acelerada... Incluso el
sonido de la propia oscuridad que, a veces, llega a estremecer.
Existen algunos audiolibros que, al escucharlos, son como si estuvieras divisando una película. Hasta ahora no he escuchado muchos audiolibros de este estilo, la verdad, todavía estoy descubriéndolos. Sin embargo, si tuviera que quedarme con uno, sería con “Esperando al diluvio” que, en su día, ya os hablé de esta novela (si pincháis, os llevará a la entrada en cuestión) de la escritora Dolores Redondo.
Lo cierto es que cambia mucho un audiolibro si es interpretado de una forma o de otra. Y, aunque la voz es muy importante, como es lógico; cada vez se están tomando más molestias en crear auténticas novelas narradas como películas. Por supuesto, nunca nos llegará un libro igual si lo leemos que si lo escuchamos. Las encuestas apuntan a que para la mayoría lo ideal es leerlo y, aunque yo soy una aficionada a los audiolibros; es verdad que las historias se disfrutan mucho más cuando las leemos nosotros. No obstante, ello no exceptúa el hecho de que no recomiende escucharlos. Creo que es una experiencia distinta y llega a convertirse en algo especial.
En su día publiqué
una entrada en la que los recomendaba y decía las ventajas que tienen los audiolibros.
Hay veces que, por
falta de tiempo, no podemos leer lo que nos gustaría, y la verdad es que esta
es una alternativa perfecta. Asimismo, puestos a elegir, creo que es aún más
interesante escuchar un audiolibro dramatizado, es decir, con esos efectos
sonoros a los que he hecho referencia, que son los que nos sitúan en la escena.
Creo que nuestro cerebro asimila mejor la historia que no solo escuchando la
voz; ya que puede que, con algunos narradores, a causa de su entonación, quizás
hagan que nos desconectemos un poco de la lectura -o de la escucha, en este
caso- por resultar monótona y poco atractiva. Y si se acompaña con sonidos
envolventes y reales que nos adentren en la trama, como si estuviéramos
viéndola y fuésemos casi partícipes de ella, creo que es una forma de captar
más nuestra atención y poder seguir mejor la historia.
¿Y vosotros que pensáis,
en caso de elegir escuchar un audiolibro? ¿Preferiríais que fuera con efectos
sonoros?
Por hoy me despido. Gracias
por estar ahí.
Hasta el martes que viene. ¡Feliz semana!
PD: Nunca dejéis de
soñar.






