¡Hola! ¿Cómo estáis?
Hace tiempo os hablé de
una manía que tengo: no me gusta dejar ningún libro a medias (si pincháis, os
llevará de forma directa a la entrada que subí en su día acerca de este tema). También,
en otro post, escribí sobre la extensión que debe tener una novela, y la verdad
es que me transmitisteis diferentes opiniones al respecto que me encantaron.
Cuando hablamos del grosor de un libro, nos referimos, en concreto, al número
de páginas de la obra y, más en profundidad, de lo que se extiende el escritor contando
la historia. Hay novelas para todos los gustos y, quizás -también según a quién
preguntemos-, demasiado largas para lo que quieren trasladar con ellas. De
hecho, hay lectores -y analistas literarios o similares-, que son capaces de
darse cuenta de estas cosas. No obstante, no hace falta ser un profesional ni
haber leído cientos de libros para ver que un personaje, o incluso la propia trama, han sido “estirados demasiado”. Ahora bien, ¿y el número de entregas de una
saga? ¿De cuántos libros se debe componer una serie para que tenga “mejor acogida”
en el mercado?
Es una realidad que cada vez se oye más el hecho de que las personas busquen, mínimo, bilogías o incluso trilogías a la hora de engancharse a una historia. Parece que ha pasado un poco de moda el escribir una novela “sin más”. Como si se tratara de una ley no escrita, que ha nacido de pronto, es como si esa obra que sale a la venta tuviera que formar parte de un libro que irá después, o de una precuela que no tardará en publicarse -en otra entrada hablaré de ellas, de las precuelas, otro mundo por descubrir muy interesante-. Está claro que siempre habrá preferencias que no cambiarán, pero, al parecer, están adquiriendo más importancia y tienen más salida las “series de libros” de una saga, que las novelas “únicas”.
Como siempre, dependerá
del público al que nos dirijamos, pero es importante -desde el punto de vista
del autor-, pensar en esta posibilidad a la hora de crear una historia. Hay lectores
que cada vez más buscan este tipo de libros, los que al terminar saben que les
espera otro. Están encantados al saber que la trama no termina en el primero y,
si además les engancha, la satisfacción lectora -y el negocio para el escritor-,
están garantizados.
Partiendo de esta idea,
parece que cuantos más libros formen parte de la saga en cuestión, más éxito vaya
a tener esa serie y, por tanto, el autor de la obra. No obstante, en esta afirmación
discrepo, ya que la calidad siempre tiene que estar por encima de la cantidad,
y más cuando hablamos de una novela -o de varias, como es el caso-. De todas
formas, lo que es innegable es que se ha puesto de moda estos formatos/estuches
para ofrecer a los lectores la historia de los protagonistas. Esta historia en
cuestión puede dividirse desde dos libros, hasta un número indeterminado de
ellos; puesto que otra forma de vender es hacerlo con un mismo protagonista,
pero contando diferentes tramas. Esto es común con el género de la novela
negra. Por ejemplo, un/a detective/inspector/policía, puede ir resolviendo distintos
casos -cada uno forma parte de un libro diferente-, y poco a poco vamos
conociendo más al personaje y, ya no solo nos engancha lo que hace -resolver casos-,
sino lo que le va pasando en su vida privada. Aquí podemos encontrarnos con una
serie casi interminable.
Un ejemplo claro de lo
que estoy planteando son las novelas de Luis Alberto Santamaría -o de Pablo
Poveda, que sus sagas aún son más largas-. Luis va a publicar otra entrega de
la serie “Mónica Lago”, una inspectora de policía muy especial. Cómo no, la
compraré y la leeré, por eso de no dejar “ningún libro a medias”. Y, aunque me
he leído todos sus libros, este formará parte de una saga que empecé, así que
voy a seguir con esta “costumbre” que os comento. Eso sí, los recomiendo todos sin
lugar a duda. No es mi género favorito, como sabéis, pero tanto Luis como Pablo
lo saben escribir muy bien.
¿Vosotros qué pensáis? A
la hora de elegir una lectura, ¿se tiene en cuenta el que forme parte de una
saga y, cuanto más larga, mejor?
Por hoy me despido.
Gracias por estar ahí.
Hasta el martes que
viene. ¡Feliz semana!
PD: Nunca dejéis de
soñar.





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