¡Hola! ¿Cómo estáis?
La semana pasada
hablamos de esos personajes que nos enamoran y los definíamos como nuestros
crush literarios. Hoy quiero seguir con un tema similar, pero relacionado
con una clase de personajes concretos a los que también hice referencia
entonces: los secundarios. Casi siempre se habla de los protagonistas y de los
antagonistas -para que nos entendamos-. Sin embargo, creo que a veces -por no
decir casi siempre-, el papel de un personaje secundario es crucial para que la
historia evolucione y llegue hasta el final, incluso para que funcione. En algunas
ocasiones podríamos decir que casi se convierten en imprescindibles.
Estaréis de acuerdo
conmigo si digo que existen historias en las que apenas hemos visto intervenir
a un personaje y, sin embargo, nos ha llegado al corazón. Aun después de leer
el libro, lo recordamos como uno de los papeles más importantes. Esto es
porque, sin ocupar el centro de la historia, tienen una fuerza especial, logran
despertar ternura, admiración y, además, consiguen estar casi a la altura del
protagonista, sin serlo.
Como decía, hay
secundarios que se convierten en necesarios: los que sostienen al héroe cuando
flaquea, los que aportan humor en los momentos más tensos, los que dicen justo
lo que necesitábamos leer en ese momento o, por otro lado, los que,
simplemente, nos hacen sentir acompañados. Y lo bonito es poder conectar cada
lector con uno distinto. En ocasiones nos conquistan, aunque solo aparezcan un par de
veces en la trama, pero dejan una frase brillante que nos cala y consigue que lo
recordemos para siempre.
Lo cierto es que, si
nos parásemos a pensar, existen muchos personajes secundarios que entrarían
dentro de esta “categoría” especial. Por ejemplo, podrían estar entre los favoritos
de muchos lectores: Sancho Panza, en “El Quijote de la Mancha”; Aragorn, en “El
Señor de los Anillos” -muchos lo ven como protagonista, pero en realidad es secundario
en la estructura de la obra-; Úrsula Iguarán, en “Cien años de soledad”; Fermín
Romero de Torres, en “La sombra del viento”...
Al final, esta clase de
personajes también diríamos que los encontramos en nuestras vidas. Hay personas
que no están en el centro de todo, quizás no saben lo que nos pasa a cada
minuto; sin embargo, nos hacen falta. De hecho, se convierten, de alguna
manera, en nuestros “imprescindibles”. Esto es así porque representan esa parte
silenciosa de nosotros, pero necesaria en cualquier historia; real o ficticia.
¿Y vosotros? ¿Tenéis
algún personaje secundario -literario- que recordéis con cariño?
Por hoy me despido.
Gracias por estar ahí.
Hasta el martes que
viene. ¡Feliz semana!
PD: Nunca dejéis de
soñar.

Me pasa con relativa frecuencia "quedarme" con algunos secundarios, quizás porque el lector también hace su propia interpretación de la obra y otorga importancia a los personajes que a priori no son protagonistas. O quizás es la habilidad del escritor para presentarnos falsos protagonistas cuando quiere darle importancia a esos "secundarios".
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