martes, 24 de febrero de 2026

LA LONGITUD DE LAS SAGAS

  ¡Hola! ¿Cómo estáis?

  Hace tiempo os hablé de una manía que tengo: no me gusta dejar ningún libro a medias (si pincháis, os llevará de forma directa a la entrada que subí en su día acerca de este tema). También, en otro post, escribí sobre la extensión que debe tener una novela, y la verdad es que me transmitisteis diferentes opiniones al respecto que me encantaron. Cuando hablamos del grosor de un libro, nos referimos, en concreto, al número de páginas de la obra y, más en profundidad, de lo que se extiende el escritor contando la historia. Hay novelas para todos los gustos y, quizás -también según a quién preguntemos-, demasiado largas para lo que quieren trasladar con ellas. De hecho, hay lectores -y analistas literarios o similares-, que son capaces de darse cuenta de estas cosas. No obstante, no hace falta ser un profesional ni haber leído cientos de libros para ver que un personaje, o incluso la propia trama, han sido “estirados demasiado”. Ahora bien, ¿y el número de entregas de una saga? ¿De cuántos libros se debe componer una serie para que tenga “mejor acogida” en el mercado?

  Es una realidad que cada vez se oye más el hecho de que las personas busquen, mínimo, bilogías o incluso trilogías a la hora de engancharse a una historia. Parece que ha pasado un poco de moda el escribir una novela “sin más”. Como si se tratara de una ley no escrita, que ha nacido de pronto, es como si esa obra que sale a la venta tuviera que formar parte de un libro que irá después, o de una precuela que no tardará en publicarse -en otra entrada hablaré de ellas, de las precuelas, otro mundo por descubrir muy interesante-. Está claro que siempre habrá preferencias que no cambiarán, pero, al parecer, están adquiriendo más importancia y tienen más salida las “series de libros” de una saga, que las novelas “únicas”. 

 

  Como siempre, dependerá del público al que nos dirijamos, pero es importante -desde el punto de vista del autor-, pensar en esta posibilidad a la hora de crear una historia. Hay lectores que cada vez más buscan este tipo de libros, los que al terminar saben que les espera otro. Están encantados al saber que la trama no termina en el primero y, si además les engancha, la satisfacción lectora -y el negocio para el escritor-, están garantizados.

  Partiendo de esta idea, parece que cuantos más libros formen parte de la saga en cuestión, más éxito vaya a tener esa serie y, por tanto, el autor de la obra. No obstante, en esta afirmación discrepo, ya que la calidad siempre tiene que estar por encima de la cantidad, y más cuando hablamos de una novela -o de varias, como es el caso-. De todas formas, lo que es innegable es que se ha puesto de moda estos formatos/estuches para ofrecer a los lectores la historia de los protagonistas. Esta historia en cuestión puede dividirse desde dos libros, hasta un número indeterminado de ellos; puesto que otra forma de vender es hacerlo con un mismo protagonista, pero contando diferentes tramas. Esto es común con el género de la novela negra. Por ejemplo, un/a detective/inspector/policía, puede ir resolviendo distintos casos -cada uno forma parte de un libro diferente-, y poco a poco vamos conociendo más al personaje y, ya no solo nos engancha lo que hace -resolver casos-, sino lo que le va pasando en su vida privada. Aquí podemos encontrarnos con una serie casi interminable.

  Un ejemplo claro de lo que estoy planteando son las novelas de Luis Alberto Santamaría -o de Pablo Poveda, que sus sagas aún son más largas-. Luis va a publicar otra entrega de la serie “Mónica Lago”, una inspectora de policía muy especial. Cómo no, la compraré y la leeré, por eso de no dejar “ningún libro a medias”. Y, aunque me he leído todos sus libros, este formará parte de una saga que empecé, así que voy a seguir con esta “costumbre” que os comento. Eso sí, los recomiendo todos sin lugar a duda. No es mi género favorito, como sabéis, pero tanto Luis como Pablo lo saben escribir muy bien.  

  ¿Vosotros qué pensáis? A la hora de elegir una lectura, ¿se tiene en cuenta el que forme parte de una saga y, cuanto más larga, mejor?

  Por hoy me despido. Gracias por estar ahí.

  Hasta el martes que viene. ¡Feliz semana!

 

 

PD: Nunca dejéis de soñar.


martes, 17 de febrero de 2026

INEVITABLEMENTE YO - ANTONIO OROZCO

  ¡Hola! ¿Cómo estáis?

  Lo cierto es que la entrada de hoy la iba a dedicar a un tema distinto, pero este fin de semana he escuchado el audiolibro de Antonio Orozco -narrado por él, por cierto-, y me ha llegado tanto que no puedo evitar compartir con vosotros lo que he sentido. Muchas veces os he hablado de la forma en que una historia es contada. Creo que eso es más importante que incluso la propia trama en sí, porque el modo de conquistar al lector lo es todo. Pues bien, este libro va aún más allá.

  He de confesar que yo sigo a Antonio Orozco desde hace años. Pero para mí no es un artista más, sino que considero que es de esa clase de personas públicas que, cuando sale en televisión, produce una sonrisa y un bienestar general tan solo con su imagen. Además, cuando habla creo que desprende una dulzura y una verdad que pocos “personajes” transmiten desde “la gran pantalla”. Aún no conozco a nadie que, dejando a un lado sus gustos musicales, digan que “no soportan” a Antonio Orozco. Creo que se hace querer.

  Y, partiendo de este punto, creo que ya podréis imaginar lo que opino del libro que ha escrito que, como os decía, lo ha grabado él mismo.

  En este libro nos encontramos con capítulos muy duros, donde nos adentra en episodios de su vida difíciles de sobrellevar y, al mismo tiempo, tal y como nos lo cuenta, los sentimos muy cercanos y reales. Me ha conquistado esa verdad que se siente en cada palabra. Este libro nos acerca un poco más a él, y en esta obra demuestra que, como ya me esperaba, Antonio es la persona que yo había pensado que era. Nunca he creído nada de lo que en alguna ocasión se ha dicho de él. Creo que es muy difícil lo que ha hecho y, a la vez, admirable. Hay que tener mucho valor para abrirse de esta manera, ser capaz de escribirlo y, además, publicarlo. 



 

  Como decía, a lo largo del libro nos encontramos con diferentes etapas de la vida de Antonio Orozco, aunque sin llegar a convertirse en una autobiografía al completo. Lo que me gustaría destacar -aunque no por esto sea la más importante-, es una parte en la que habla sobre las críticas que reciben los artistas. Muchas veces oímos la típica frase: “tienen lo que se merecen, que no hubieran elegido ese camino” o “en ese mundo ya saben a lo que se exponen”. En fin, yo nunca he estado totalmente de acuerdo con esas afirmaciones. Si un artista elige “ese camino” es porque desea alcanzar su sueño; si su vocación es cantar o actuar -por poner ejemplos-, creo que merece perseguir su meta y no creo que esa vida tenga que ir condicionada a amargarle la existencia.

  Además, en algún momento del libro habla, en concreto, de la “obligación” de hacerse fotos con todo el mundo -él accede porque cree que es lo que debe hacer-, también menciona el hecho de no poder salir con libertad a la calle… Vale, en cierto modo es el mundo que han elegido; pero creo que también merecen su espacio, porque lo único que han “decidido” es querer alcanzar sus sueños. Una persona no elige qué es lo que le motiva, no decide cuál es su vocación, sino que la lleva consigo desde que nace. Quizás podamos pensar que son afortunados por conseguir esos sueños, pero no tienen que ser castigados por lograrlos.

  Para finalizar, me gustaría compartir algunas frases del libro que me han llamado la atención. La verdad es que hay algunas muy profundas y me encantaría poder compartir todas las que me han gustado, pero esta entrada se alargaría demasiado, por no decir que sería casi interminable (¡jajaja!). Por lo tanto, os dejo por aquí solo algunas, dejando que el resto os animéis a descubrirlas vosotros:

“El tiempo no es oro…ya le gustaría al oro ser tiempo”

Y luego venía a decir algo parecido a “…si el tiempo se pudiera comprar como el oro, creo que mi vida sería distinta, al igual que creo que la de mucha gente también sería muy diferente”.

“Ha sido un alivio aceptar que hay cosas que nunca entenderé, y momentos que nunca podré cambiar, y está bien, porque todas esas cosas forman parte de mi historia y tengo que vivir con ella”.

“He comprendido que la vida no consiste en encontrar todas las respuestas, sino en aprender a caminar acompañado de las preguntas”.

Y de mis favoritas: “lo que queda por escrito se queda para siempre”.

  ¿No es precioso?

  He de confesar que últimamente estoy más nostálgica de lo normal y, quizás, este libro me ha llegado más adentro de lo que podría haberme llegado en otro momento de mi vida. También agradezco, por ello, aún más, el haberlo leído ahora. Antonio nos ha regalado una parte de él que no conocíamos. Él dice que ha sido necesario, que le ha ayudado -algo de lo que me alegro-, pero creo que ha sido, a la vez, una lección para todos los que lo hemos leído.

  Yo no creo que me atreva jamás a escribir algo tan íntimo, por eso admiro a personas que sí lo hacen y, en especial, en este caso, aplaudo a Antonio por ello.

  Por hoy me despido. Gracias por estar ahí.

  Hasta el martes que viene. ¡Feliz semana!

 

PD: Nunca dejéis de soñar.

martes, 10 de febrero de 2026

¿LUGARES REALES O INVENTADOS?

  ¡Hola! ¿Cómo estáis?

  Cuando nos sumergimos en una novela podemos encontrarnos con descripciones de lugares mágicos, totalmente inventados por el autor, o bien, la historia puede estar basada en sitios que existen en la realidad. Hay algo especial en ambas opciones, pero en general nos solemos inclinar más por una que por otra.

  Creo que estaréis de acuerdo conmigo si digo que resulta muy interesante -incluso divertido-, visitar lugares que un autor -más si es de nuestros favoritos- ha elegido para contar su historia. Quizás, si el libro que hemos leído nos ha conquistado, sea un motivo para ir a descubrir esa ciudad en la que se desarrolla la trama, o ese pequeño rinconcito de un pueblo del que nunca habíamos oído hablar.

  Además, desde otro punto de vista, si nos encontramos con lugares descritos en la historia que reconocemos porque hemos estado allí antes, también puede que ello haga que nos lleguemos a sentir más conectados con la novela. Puede que le dé una capa de “autenticidad” a la historia que estamos leyendo. 


  Sin embargo, muchos lectores prefieren adentrarse en mundos completamente nuevos, y disfrutan de historias y paisajes como los que relata J.R.R. Tolkien respecto a la Tierra Media en "El Señor de los Anillos". Supongo que esto también depende un poco del género del libro; ya que, si es una novela histórica, por lo general, es preferible que se cuente de manera que se acerque lo máximo posible a la realidad. Sin embargo, si leemos una historia fantástica, quizás esperemos que esos sitios o esos “universos” sean totalmente imaginarios.

  Es cierto que el inventarse lugares tiene su encanto. Si el autor lo hace bien y crea mundos que llegan a conquistar a los lectores -dentro de que son inventados, si son creíbles-, tiene mucho ganado para que su obra se haga con un hueco en el mercado. Además, el basar su novela en un mundo que no existe le da más libertad para crear y moldearlo a su gusto, porque además tiene sus normas y costumbres propias. De hecho, podrá ser adaptado a cualquier época o género siempre y cuando tenga una cierta coherencia.

  ¿Y vosotros qué preferís? ¿Lugares reales o inventados?

  Por hoy me despido. Gracias por estar ahí,

  Hasta el martes que viene. ¡Feliz semana!

 

PD: Nunca dejéis de soñar.

martes, 3 de febrero de 2026

EL LECTOR CERO

     ¡Hola! ¿Cómo estáis?

   Hace unos meses os hablé del significado del lector beta, y el otro día me sorprendió un nuevo concepto que desconocía y del que me gustaría hablaros hoy. Como recordaréis, el lector beta es el primero que lee un libro una vez que está terminado y ha pasado por, al menos, la revisión del propio escritor. Pues bien, hay otro tipo de lector aún más interesante -si cabe-. Se trata del lector cero. ¿Cuál es la diferencia? El lector cero tiene la historia en sus manos durante el proceso de creación, es decir, cuando todavía no está escrito el final de la obra o, en caso de estar escrito, aún no ha sido pulido ni revisado. 

   Como dato importante a añadir, debemos tener en cuenta que un escritor puede encontrarse con varios tipos de dilemas a lo largo de su escritura -algunas veces estos crean lo que se denomina el tan famoso “bloqueo literario”-. Es algo que inquieta y preocupa cuando sucede, porque ello provoca que la historia se estanque y resulte complicado avanzar.

  Sobre estos tipos de bloqueos quizás hablemos en otra entrada del blog. Volviendo al concepto de los lectores cero, estos son, de alguna manera, los que podrían “guiar” o “recomendar” o incluso “corregir” -de forma sutil-, para que suene más realista el ritmo de la historia. Su función sería la detección de problemas globales, como podría ser la coherencia de la trama, el tono en que está escrita, cómo se siente o se entiende la historia tal y como se plantea… El lector cero no entra en detalles finos ni en correcciones estilísticas. Se trata de una lectura más emocional e intuitiva, como una primera impresión honesta. Lee la versión más cruda, casi recién escrita. Su posición es privilegiada en este sentido, puesto que incluso podría decirnos qué falla en la historia en caso de que no funcione o no enganchara. 


 

   Quizás podríamos decir que lo ideal sería tener, antes de publicar una novela, los dos tipos de lectores -tanto el cero como el beta-. La mezcla de ambos puntos de vista es lo que nos daría la respuesta a si, por un lado, la historia engancha tal y como está escrita -proceso de la trama en general- y, por otro, si existe coherencia en el comportamiento de los personajes con la personalidad que les hemos dado a cada uno de ellos. Esto es muy importante, porque a veces el autor puede dejarse llevar por la historia y no se da cuenta de que, si el protagonista tiene vértigo, por ejemplo, no subiría a un avión sin pensárselo. Y, en caso de que lo hiciera, deberemos describir el miedo que siente cuando coge ese vuelo. De lo contrario, no se respetaría la coherencia ni la lógica que hemos creado para ese personaje. Podría plantearse algo así, quizás, al final de la historia, si el objetivo que consigue es, precisamente, perder el miedo a volar.

   A veces es recomendable que los personajes nos sorprendan con sus actos, pero se debe respetar esa lógica a la que he hecho referencia, teniendo en cuenta el carácter de cada uno de ellos; de lo contrario, la historia no convencerá ni tendrá el impacto que queremos conseguir. Aquí es donde entra el lector cero, que es el que detectará si la historia funciona o no, de forma genérica, apreciando, además, si se entiende y, aún más importante, si engancha.  

  ¿Y vosotros? ¿Conocíais este concepto de “lector cero”? ¿Qué os parecería poder “decidir” sobre una historia antes de ser corregida y publicada?

   Por hoy me despido. Gracias por estar ahí.

  ¡Hasta el martes que viene! ¡Feliz semana!

  

PD: Nunca dejéis de soñar.