martes, 10 de febrero de 2026

¿LUGARES REALES O INVENTADOS?

  ¡Hola! ¿Cómo estáis?

  Cuando nos sumergimos en una novela podemos encontrarnos con descripciones de lugares mágicos, totalmente inventados por el autor, o bien, la historia puede estar basada en sitios que existen en la realidad. Hay algo especial en ambas opciones, pero en general nos solemos inclinar más por una que por otra.

  Creo que estaréis de acuerdo conmigo si digo que resulta muy interesante -incluso divertido-, visitar lugares que un autor -más si es de nuestros favoritos- ha elegido para contar su historia. Quizás, si el libro que hemos leído nos ha conquistado, sea un motivo para ir a descubrir esa ciudad en la que se desarrolla la trama, o ese pequeño rinconcito de un pueblo del que nunca habíamos oído hablar.

  Además, desde otro punto de vista, si nos encontramos con lugares descritos en la historia que reconocemos porque hemos estado allí antes, también puede que ello haga que nos lleguemos a sentir más conectados con la novela. Puede que le dé una capa de “autenticidad” a la historia que estamos leyendo. 


  Sin embargo, muchos lectores prefieren adentrarse en mundos completamente nuevos, y disfrutan de historias y paisajes como los que relata J.R.R. Tolkien respecto a la Tierra Media en "El Señor de los Anillos". Supongo que esto también depende un poco del género del libro; ya que, si es una novela histórica, por lo general, es preferible que se cuente de manera que se acerque lo máximo posible a la realidad. Sin embargo, si leemos una historia fantástica, quizás esperemos que esos sitios o esos “universos” sean totalmente imaginarios.

  Es cierto que el inventarse lugares tiene su encanto. Si el autor lo hace bien y crea mundos que llegan a conquistar a los lectores -dentro de que son inventados, si son creíbles-, tiene mucho ganado para que su obra se haga con un hueco en el mercado. Además, el basar su novela en un mundo que no existe le da más libertad para crear y moldearlo a su gusto, porque además tiene sus normas y costumbres propias. De hecho, podrá ser adaptado a cualquier época o género siempre y cuando tenga una cierta coherencia.

  ¿Y vosotros qué preferís? ¿Lugares reales o inventados?

  Por hoy me despido. Gracias por estar ahí,

  Hasta el martes que viene. ¡Feliz semana!

 

PD: Nunca dejéis de soñar.

martes, 3 de febrero de 2026

EL LECTOR CERO

     ¡Hola! ¿Cómo estáis?

   Hace unos meses os hablé del significado del lector beta, y el otro día me sorprendió un nuevo concepto que desconocía y del que me gustaría hablaros hoy. Como recordaréis, el lector beta es el primero que lee un libro una vez que está terminado y ha pasado por, al menos, la revisión del propio escritor. Pues bien, hay otro tipo de lector aún más interesante -si cabe-. Se trata del lector cero. ¿Cuál es la diferencia? El lector cero tiene la historia en sus manos durante el proceso de creación, es decir, cuando todavía no está escrito el final de la obra o, en caso de estar escrito, aún no ha sido pulido ni revisado. 

   Como dato importante a añadir, debemos tener en cuenta que un escritor puede encontrarse con varios tipos de dilemas a lo largo de su escritura -algunas veces estos crean lo que se denomina el tan famoso “bloqueo literario”-. Es algo que inquieta y preocupa cuando sucede, porque ello provoca que la historia se estanque y resulte complicado avanzar.

  Sobre estos tipos de bloqueos quizás hablemos en otra entrada del blog. Volviendo al concepto de los lectores cero, estos son, de alguna manera, los que podrían “guiar” o “recomendar” o incluso “corregir” -de forma sutil-, para que suene más realista el ritmo de la historia. Su función sería la detección de problemas globales, como podría ser la coherencia de la trama, el tono en que está escrita, cómo se siente o se entiende la historia tal y como se plantea… El lector cero no entra en detalles finos ni en correcciones estilísticas. Se trata de una lectura más emocional e intuitiva, como una primera impresión honesta. Lee la versión más cruda, casi recién escrita. Su posición es privilegiada en este sentido, puesto que incluso podría decirnos qué falla en la historia en caso de que no funcione o no enganchara. 


 

   Quizás podríamos decir que lo ideal sería tener, antes de publicar una novela, los dos tipos de lectores -tanto el cero como el beta-. La mezcla de ambos puntos de vista es lo que nos daría la respuesta a si, por un lado, la historia engancha tal y como está escrita -proceso de la trama en general- y, por otro, si existe coherencia en el comportamiento de los personajes con la personalidad que les hemos dado a cada uno de ellos. Esto es muy importante, porque a veces el autor puede dejarse llevar por la historia y no se da cuenta de que, si el protagonista tiene vértigo, por ejemplo, no subiría a un avión sin pensárselo. Y, en caso de que lo hiciera, deberemos describir el miedo que siente cuando coge ese vuelo. De lo contrario, no se respetaría la coherencia ni la lógica que hemos creado para ese personaje. Podría plantearse algo así, quizás, al final de la historia, si el objetivo que consigue es, precisamente, perder el miedo a volar.

   A veces es recomendable que los personajes nos sorprendan con sus actos, pero se debe respetar esa lógica a la que he hecho referencia, teniendo en cuenta el carácter de cada uno de ellos; de lo contrario, la historia no convencerá ni tendrá el impacto que queremos conseguir. Aquí es donde entra el lector cero, que es el que detectará si la historia funciona o no, de forma genérica, apreciando, además, si se entiende y, aún más importante, si engancha.  

  ¿Y vosotros? ¿Conocíais este concepto de “lector cero”? ¿Qué os parecería poder “decidir” sobre una historia antes de ser corregida y publicada?

   Por hoy me despido. Gracias por estar ahí.

  ¡Hasta el martes que viene! ¡Feliz semana!

  

PD: Nunca dejéis de soñar.